Se acaba el curso, guardamos la mochila, decimos adiós al grupo de WhatsApp del grupo de papás y mamás y damos la bienvenida al verano.
Pero entonces, sin previo aviso, llega la gran pregunta:
¿Y ahora qué hacemos con los peques todo el día?
Muchos peques, justo al comenzar las vacaciones, parecen más nerviosas, irritables o demandantes que de costumbre.
Y es fácil pensar que se aburren, que necesitan más planes o que algo “les pasa”. Sucede que pasamos de una estructura muy clara (clases, extraescolares, horarios, rutina semanal marcada) a un “todo vale” sin apenas pistas. más flexibilidad, menos horarios, más improvisación… y menos referencias. Llega el verano: más libertad, sí, pero también más desorientación. Y ahí se crea la inquietud.
Tu hijo, tu hija, busca señales de “esto toca ahora” igual que en el cole. Sin horarios ni referencias, el cerebro se descoloca y traduce la falta de anclas en impulsividad, cambios de humor o incluso en despertarse de noche. No es que necesiten más estímulos, sino unas mínimas guías para orientarse.
Los niños, las niñas requieren tiempo para crear su propia rutina veraniega:
• Estar en casa, descubrir rincones y jugar al aire libre
• Dejarse llevar por el aburrimiento. A menudo, nos cuesta ver a los niños aburridos. Pero el aburrimiento no es un enemigo. Desde ahí:
Y todo eso también es desarrollo.
Como adultos, podemos prepararles un marco suave sin caer en agendas rígidas:
• Contarles por la mañana qué haremos ese día (aunque sean tres cosas simples). Anticiparles una pequeña rutina, aunque sea flexible.
• Usar un calendario con dibujos o pegatinas para marcar talleres o salidas
• Compartir una especie de horario simbólico: “Después de desayunar, tiempo libre. Después del parque, merienda.”
• Adaptar el grado de espontaneidad según su edad y energía
No se trata de controlar lo incontrolable, sino de darles pistas para que vayan creando su mapa mental. Al contarles con calma lo que viene, reducimos su incertidumbre.
Cada familia encuentra su forma, y cada niño/a responde diferente.
Pero algo es común: cuando sienten que hay un adulto que sostiene el día, aunque sea con dos frases, pueden soltar el cuerpo.
Recuerda: si los primeros días ves que están algo revueltos, es normal. No siempre necesitan más actividades: necesitan tiempo, paciencia, contención y acompañamiento para ajustar su nuevo ritmo. Con esa base, el verano deja de ser un caos constante (aunque también forma parte) y se convierte en una experiencia compartida, cargada de pequeños descubrimientos.